“Permanecer en nuestra zona de confort o entrar en nuestra zona de aprendizaje”

¿Por qué nos asustan los cambios? ¿Por qué por lo general, nos sentimos incómodos cuando algo cambia en nuestra vida? ¿Qué nos aportan los cambios? Estas y otras tantas preguntas surgen cuando hablamos de situaciones en la vida en las que por diversas razones tenemos que tomar decisiones, emprender retos o poner en marcha nuevas acciones.

Todas las personas tenemos un modelo de vida, a dicho modelo lo podemos llamar “zona de confort”. La “zona de confort” por tanto es la forma en que nos comportamos, reaccionamos y vivimos.

Es un concepto interesante, porque para unos la “zona de confort” puede ser una relación de respeto con su jefe y disfrute en el trabajo, y para otros puede ser una situación de estrés que les desborde. Que sea confort, no significa que sea agradable, sino que nos sentimos cómodos en ella, porque es lo que conocemos.

A lo largo de la vida, a menudo nos auto limitamos por permanecer en esta zona, sin ser conscientes de ello y soportamos situaciones que no nos gustan, únicamente porque nos hemos acostumbrado a vivir con ellas. El tan escuchado “no estoy tan mal, podría ser peor”.

Para alcanzar nuestros objetivos es necesario, plantear acciones, muchas de las cuales habrá que emprender de forma diferente. Es necesario viajar fuera de la “zona de confort” y entrar en la denominada “zona de aprendizaje”. Para entrar en dicha “zona de aprendizaje” es absolutamente necesario saltar la barrera mental que nos lo impide y que nos provoca emociones de ansiedad y miedo ante lo desconocido.

Si visualizamos la “línea de nuestra vida”, podemos observar como a lo largo de ella nos hemos visto abocados  a ciertos cambios profesionales y/o personales, voluntarios o involuntarios en los que al entrar en la “zona de aprendizaje”, hemos descubierto ciertos recursos y habilidades que creíamos que no teníamos.

Este es uno de los grandes objetivos de un proceso de coaching: tomar consciencia de lo que queremos cambiar y del estado que deseamos alcanzar, y dar los pasos necesarios para lograrlo, saliendo evidentemente de nuestra “zona de confort” y entrando en esa “zona de aprendizaje” que nos aportará descubrimiento y desarrollo.

Se trata por tanto de un tema de decisión personal.

· Atreverse a intentarlo y luchar por lo que realmente se quiere, superando nuestras creencias limitantes, y nuestros miedos.

· O quedarnos como estamos. Sin cambiar nada. Sin posibilidad de vivir un futuro diferente al conocido. Sin posibilidad de vivir nuestros sueños.

Me gustaría compartir una preciosa metáfora que tiene que ver con este tema y que se titula “Empuja la vaquita”, la cual expresa lo siguiente.

<<Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.

La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:

– En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?

El hombre respondió calmadamente:

– Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:

– ¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!

El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencia absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.

Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. 

Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual le preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.

Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:

– ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

Emocionado, el hombre le respondió:

– Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.>>

 

Mercedes Melgar  |  Coach Certificado

Artículo publicado en la revista Crearte

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